La Plaza de la Constitución de Totana se ha convertido hoy en el epicentro de la emoción y la espiritualidad con la celebración del II Encuentro de Pasión entre Jesús de la Humildad y Nuestra Señora de la Fe. El acto, organizado por la Hermandad de la Oración en el Huerto, Nuestra Señora de la Caridad y Nuestra Señora de la Fe, junto a la Hermandad de Jesús y la Samaritana, ha servido como antesala a los días grandes de la Semana Santa totanera.
El inicio del misterio: una entrega que nace en el corazón
Bajo un ambiente cargado de recogimiento, el texto proclamado ha recordado que “la Pasión no comienza en la cruz, comienza en el corazón que se entrega”. Aún sin clavos ni madero, la entrega ya ha comenzado, en un instante en el que “en el aire se percibe algo distinto” y todo parece anticipar lo que está por venir.
Jesús de la Humildad avanza sin huir, “con paso sereno y la firmeza de quien ama hasta el extremo”. Cada uno de sus movimientos, como se ha destacado, es “un sí pronunciado en silencio”, reflejo de una aceptación plena del destino que le aguarda.
Frente a Él, Nuestra Señora de la Fe encarna la permanencia y la fortaleza silenciosa: “su fe no es ruido, es raíz”. No detiene el camino, no lo interrumpe, sino que lo sostiene desde la entrega y el amor incondicional. En sus ojos se entrelazan el dolor y la confianza de quien “sabe lo que viene y aun así cree, sabe lo que duele y aun así ama”.
Un cruce de miradas que da sentido a la Semana Santa
El instante en el que ambas imágenes se encuentran ha sido descrito como un momento eterno, donde “no hacen falta palabras, habla el silencio”. Es ahí donde se produce ese cruce de miradas entre madre e hijo que marca el inicio simbólico de la semana más grande.
Jesús encuentra en María “la fuerza serena de quien no abandona”, mientras que ella reconoce en su hijo “el rostro del amor que se entrega por todos”. Un encuentro que trasciende lo visual para convertirse en una profunda catequesis de fe y amor.
Un diálogo que estremece: el miedo, la fe y el amor sin condiciones
Uno de los momentos más intensos del acto ha sido el diálogo entre la madre y el hijo, cargado de humanidad y ternura. En él, Jesús expresa su temor: “Tengo miedo, no al sufrimiento, sino a la soledad”, a lo que María responde con firmeza: “No estarás solo. Cuando todos se vayan, yo seguiré mirándote”.
El texto profundiza en ese amor inquebrantable de madre: “Déjame amarte hasta el final, como te amé al principio”, recordando que, pese al paso del tiempo y el dolor, “para una madre, siempre lo eres”. Incluso en el rechazo, María proclama: “Es mi hijo”.
En ese acompañamiento silencioso, pero constante, se reafirma su compromiso: “Cuando llegue la cruz, no apartaré la mirada. Cuando todo parezca terminar, seguiré creyendo”.
El diálogo culmina con la serenidad de quien ha encontrado consuelo: “Entonces, ya puedo caminar”, marcando el inicio definitivo del camino hacia la redención.
Una llamada a vivir la fe desde dentro
El encuentro no solo ha sido una representación, sino una invitación directa a los asistentes. “No estamos aquí como espectadores, sino como llamados”, se ha proclamado, animando a los fieles a vivir la Semana Santa desde el compromiso personal.
Una llamada a aprender a decir sí cuando cuesta, a sostener la fe cuando todo se oscurece y a amar incluso cuando duele, siguiendo el ejemplo de Jesús y de María.
Totana reafirma así, a las puertas de su Semana Santa, una devoción profunda que va más allá de la tradición, recordando que donde hay entrega, allí comienza la redención.