De las milicias ciudadanas a la Guardia Civil: dos siglos de seguridad en la historia de Totana

La conferencia “La seguridad pública y la Guardia Civil en la villa (1808-1844)”, impartida por el brigada de la Guardia Civil Francisco Pérez García, analizó la evolución del orden público en Totana desde el Antiguo Régimen al Estado liberal

El Casino de Totana se vistió de historia el pasado viernes, 6 de febrero, para acoger una de las ponencias más completas y rigurosas celebradas en los últimos años sobre el pasado local: “La seguridad pública y la Guardia Civil en la villa (1808-1844)”, impartida por el brigada de la Guardia Civil D. Francisco Pérez García. El acto, que contó con la presencia de autoridades municipales y un numeroso público, fue mucho más que una conferencia histórica: se convirtió en una reflexión profunda sobre cómo la evolución de los sistemas de seguridad acompañó el tránsito del Estado absolutista al Estado liberal.

Un ponente de referencia para una historia poco contada

Francisco Pérez García no es un conferenciante al uso. Su labor como investigador y divulgador se apoya en el análisis exhaustivo de fuentes primarias, el contraste documental y una metodología rigurosa que huye de lugares comunes. Autor de obras fundamentales como Crónica de la Guardia Civil en la provincia de Murcia en el siglo XIX o La verdad cautiva, su trayectoria combina vocación profesional y compromiso con la verdad histórica.

Durante su intervención, el ponente subrayó que la historia de la seguridad pública es un ámbito complejo, a menudo condicionado por intereses ideológicos o relegado a un segundo plano, especialmente en el ámbito local. Su propósito fue rescatar del olvido nombres, documentos y protagonistas —totaneros y guardias civiles— que desempeñaron un papel esencial en la vida cotidiana de la villa.

Qué significaba “policía” antes de existir la policía

Uno de los aspectos más esclarecedores de la conferencia fue la explicación del concepto de “policía” en el siglo XIX. En aquella época, el término no designaba un cuerpo profesional, sino un conjunto de funciones de control y orden ejercidas por los ayuntamientos y los jefes políticos. Existían así policías de mercados, de alumbrado, de ornato o de prostitución, siendo la policía de seguridad solo una competencia más repartida entre diversas autoridades.

La seguridad efectiva recaía, en la práctica, en las milicias de ciudadanos, cuerpos armados no profesionales dependientes de los alcaldes. Totana contaba con su propia milicia nacional, concebida como una reserva estratégica que se activaba tanto para la defensa local como para la protección de los intereses del Estado, como ocurrió durante las sublevaciones de Cartagena.

Estas milicias fueron cambiando de denominación según el contexto político: desde las milicias de hombres honrados creadas en 1808, pasando por los voluntarios realistas del absolutismo, hasta los voluntarios por la libertad en los periodos democráticos, reflejando así la profunda politización de la seguridad.

Totana, cabeza de partido y territorio vigilado

La condición de cabeza de partido judicial otorgó a Totana un papel destacado dentro del sistema de control del territorio. Durante la Década Ominosa de Fernando VII, la villa estuvo bajo la autoridad del Alcalde Mayor Andrés Masegosa, quien acumulaba funciones judiciales y policiales. Los documentos inéditos presentados por Pérez García revelan un clima de vigilancia constante: cada quince días se remitían informes al Corregidor de Murcia sobre el estado de “seguridad y moral” de la población.

Incluso en ausencia de conflictos, las autoridades presumían la existencia de “elementos de discordia” ocultos, lo que justificaba una supervisión casi inquisitorial de la sociedad. La libertad de movimiento era muy limitada: para desplazarse más de ocho leguas era necesario un pasaporte expedido por el alcalde, mientras que para trayectos menores se exigía un pase de seguridad.

La creación de la Guardia Civil y su llegada a Totana

La fundación de la Guardia Civil en 1844, bajo la dirección del Duque de Ahumada, respondió a la necesidad de crear un cuerpo profesional capaz de poner fin al bandolerismo y a la ineficacia de las milicias. Lejos de ciertos tópicos, el ponente recordó que la Guardia Civil fue una creación liberal, concebida para proteger personas y propiedades “dentro y fuera de las poblaciones”.

Totana tiene el honor de figurar entre los puestos fundacionales del cuerpo. En 1845 se estableció el entonces denominado Destacamento de la Guardia Civil, del que dependían Aledo y Zarcilla de Ramos. El primer servicio documentado en la zona data de noviembre de ese mismo año y está relacionado con el traslado de presos, una tarea que los ayuntamientos trataban de evitar por los elevados costes que suponía.

Tras la pista de los primeros cuarteles

Uno de los enigmas históricos abordados fue la localización de los primeros acuartelamientos, dificultada por la pérdida de archivos municipales. No obstante, una partida presupuestaria de 440 reales permitió al ponente plantear la hipótesis de que el primer cuartel fue una vivienda particular alquilada y adaptada por el Ayuntamiento.

Con el paso del tiempo, el puesto fue trasladándose por distintas ubicaciones:

  • 1880–1912: Calle de los Santos.

  • 1936: Calle Rivas.

  • Hasta 1954: Calle de San Antonio.

  • Desde 1954: Cuartel actual, construido con un presupuesto superior al millón de pesetas.

Héroes olvidados y figuras ilustres

La conferencia también sirvió para rescatar del olvido al sargento Cristóbal Romero Marco, quien mandó el puesto de Totana en 1859 y destacó en la lucha contra la gavilla de Horta, una partida de bandoleros carlistas que operaba en la Sierra de la Pila. Los relatos de la época describen un enfrentamiento cuerpo a cuerpo de extrema violencia que subraya el valor excepcional de este guardia civil.

Asimismo, se recordó que Totana ha sido cuna de destacadas personalidades militares, entre ellas dos Directores Generales de la Guardia Civil: el general Juan Muñoz de Acosta y el general Ángel Aznar Butigieg, héroe de la batalla de Montejurra, cuya casa aún se conserva en la localidad. También se mencionó al teniente coronel Vicente García Morato Cánovas, jefe de la comandancia de Murcia en los años veinte.

Un final que une historia y memoria personal

La ponencia concluyó con un momento de especial emoción cuando Francisco Pérez García mostró la hoja de servicios de Antonio García Periago, comandante del puesto de Totana entre 1941 y 1944 antes de partir a la lucha contra el maquis. Aquel guardia civil que patrulló las calles de la villa resultó ser el abuelo del conferenciante.

Con este vínculo íntimo, se cerró una conferencia que demostró que la historia de la seguridad en Totana no es solo una sucesión de decretos y uniformes, sino la historia viva de las personas que, generación tras generación, contribuyeron a la protección y convivencia en la villa.

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