Cada año, cuando se acerca el 19 de marzo, fecha en la que la Iglesia celebra la solemnidad de San José, esposo de la Virgen María y custodio de Jesús, surge en muchas parroquias y comunidades cristianas una antigua práctica devocional que invita a mirar su vida con mayor detenimiento. Se trata de los siete Domingos de San José, una tradición espiritual que prepara a los fieles para la fiesta del santo patriarca mediante la meditación de los principales momentos de su vida.
Durante siete semanas consecutivas, la Iglesia propone contemplar los dolores y los gozos de San José, es decir, las pruebas y las alegrías que acompañaron su misión como esposo de la Virgen y padre legal de Jesús. En ese recorrido espiritual, los creyentes descubren un modelo de fe silenciosa, obediencia confiada y fidelidad a Dios en medio de circunstancias difíciles.
Esta devoción, que hunde sus raíces en siglos de tradición cristiana, continúa viva hoy en numerosas parroquias y comunidades. También en muchos lugares de España -y especialmente en pueblos con fuerte tradición religiosa-, forma parte del calendario espiritual que precede a la festividad josefina.
1.- ¿Qué son los siete Domingos de San José?
Los siete Domingos de San José constituyen una devoción tradicional de la Iglesia Católica, que consiste en dedicar los siete Domingos anteriores al 19 de marzo, a meditar y honrar los siete dolores y los siete gozos vividos por el santo patriarca a lo largo de su vida.
Esta práctica busca acompañar espiritualmente a San José en los momentos más significativos del misterio de la Encarnación. En cada Domingo se reflexiona sobre un episodio concreto de su vida, en el que aparece un sufrimiento o incertidumbre (el dolor), seguido por una intervención divina o una alegría (el gozo).
La espiritualidad de esta devoción muestra que la vida cristiana está hecha, como la de José, de dificultades y alegrías entrelazadas. En ellas se revela la presencia de Dios, que conduce la historia incluso cuando el ser humano no comprende plenamente sus planes.
Durante estos siete Domingos, los fieles contemplamos a San José como modelo de fe, obediencia y confianza, un hombre que supo aceptar con humildad la voluntad de Dios y cumplir la misión que le fue encomendada: custodiar a Jesús y acompañar a María en el misterio de la salvación.
2.- ¿Desde cuándo se celebra? Origen histórico de esta devoción.
Esta tradición se remonta al siglo XVI, cuando comenzó a difundirse en diversos lugares de Europa una práctica devocional centrada en los dolores y gozos del santo.
Con el paso del tiempo, esta costumbre fue adquiriendo mayor difusión dentro de la Iglesia. Un impulso decisivo llegó en el siglo XIX, cuando el papa Gregorio XVI, en el año 1836, concedió 300 días de indulgencia a los fieles que meditaran los dolores y gozos de San José durante los seis Domingos anteriores a su fiesta, además de una indulgencia plenaria en el séptimo Domingo.
Posteriormente, el papa Pío IX reforzó y extendió esta devoción. En 1847 dispuso que la indulgencia plenaria pudiera obtenerse en cada uno de los siete Domingos, siempre que los fieles cumplieran las condiciones habituales: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y desapego del pecado.
No hay que olvidar que este mismo pontífice proclamó en 1870 a San José Patrón de la Iglesia universal, reforzando así la devoción hacia su figura en un momento particularmente difícil para la Iglesia.
Desde entonces, los siete Domingos de San José han quedado incorporados a la piedad popular como una preparación espiritual privilegiada para celebrar la solemnidad del santo.
3.- ¿Cuándo empiezan y cuándo terminan cada año?
La práctica es sencilla: los siete Domingos anteriores al 19 de marzo, solemnidad de San José, se dedican a esta devoción.
Esto significa que la fecha de inicio varía cada año, dependiendo de en qué día de la semana caiga la fiesta. El primer Domingo será aquel que se encuentre siete semanas antes del 19 de marzo.
Por ejemplo, en algunos años el primer Domingo puede caer a finales de enero o principios de febrero, y el último suele celebrarse pocos días antes de la fiesta, normalmente en torno al segundo Domingo de marzo.
De esta manera, el itinerario espiritual culmina inmediatamente antes de la solemnidad de San José, ayudando a los fieles a prepararse interiormente para la celebración.
4.- ¿Cómo se rezan las oraciones de los siete Domingos?
En muchas parroquias, la devoción se realiza al finalizar la misa dominical. Tras la celebración eucarística se reza el ejercicio propio de los siete dolores y gozos de San José.
La estructura es sencilla y repetitiva:
- Se anuncia el dolor y el gozo correspondiente a ese Domingo.
- Se realiza una breve meditación o contemplación del episodio evangélico.
- Se rezan algunas oraciones tradicionales, que suelen incluir un padrenuestro, un Avemaría y una invocación a San José.
- Se concluye con una oración final pidiendo su intercesión.
Este ejercicio devocional puede realizarse también de manera personal o familiar, en casa o en cualquier momento del año, aunque tradicionalmente se practica en los Domingos previos a su fiesta.
5.- Los siete dolores y los siete gozos de San José
Cada Domingo se contempla un momento concreto de la vida del santo, en el que se unen prueba y consuelo.
Primer Domingo
Dolor: la turbación de José al descubrir que María esperaba un hijo.
Gozo: la revelación del ángel que le explica el misterio de la Encarnación.
Segundo Domingo
Dolor: el nacimiento de Jesús en la pobreza de Belén.
Gozo: la alegría de contemplar al Hijo de Dios hecho hombre.
Tercer Domingo
Dolor: la circuncisión de Jesús y el dolor que ello implicaba.
Gozo: el honor de imponer al niño el nombre de Jesús.
Cuarto Domingo
Dolor: la profecía de Simeón anunciando los sufrimientos futuros.
Gozo: la certeza de que Jesús sería luz y salvación para todos los pueblos.
Quinto Domingo
Dolor: la huida a Egipto para proteger al Niño de la persecución.
Gozo: la seguridad de haber salvado la vida de Jesús.
Sexto Domingo
Dolor: el temor al regresar de Egipto ante la situación política.
Gozo: el establecimiento de la Sagrada Familia en Nazaret.
Séptimo Domingo
Dolor: la pérdida del Niño Jesús durante tres días en Jerusalén.
Gozo: el hallazgo de Jesús en el templo dialogando con los doctores.
Estos episodios reflejan cómo la vida de San José estuvo marcada por la confianza en Dios incluso en medio de la incertidumbre.
6.- Una devoción con presencia en la Región de Murcia y en Totana.
En la Región de Murcia, donde la devoción a San José está muy extendida, esta tradición se mantiene en muchas parroquias y comunidades religiosas. En numerosas iglesias se rezan los dolores y gozos del santo durante los domingos previos al 19 de marzo, especialmente en parroquias bajo su advocación.
En Totana, la devoción a San José ha estado históricamente muy presente en la religiosidad popular. El municipio conserva diversas imágenes del santo tanto en parroquias como en numerosas ermitas del término municipal.
En el casco urbano destaca la Ermita de San José, mientras que en la pedanía de la Sierra existe también otra ermita dedicada al santo patriarca, hoy en desuso desde hace varias décadas y en un estado muy deteriorado.
Durante buena parte del siglo pasado, los llamados siete domingos de San José se celebraban en la localidad con gran fervor y notable participación de fieles. Muchos totaneros acudían especialmente a la ermita urbana para rezar esta devoción, que también se vivía con intensidad en la capilla que las religiosas de Siervas de Jesús -conocidas popular y cariñosamente en el pueblo como “las monjas chicas”-, tenían en su casa-comunidad de la calle Mayor Sevilla.
Con el paso del tiempo, sin embargo, aquella participación tan numerosa fue disminuyendo y, lamentablemente, hoy esta tradición devocional ya no se vive con el mismo fervor que en otras épocas, quedando en el recuerdo de muchos vecinos como una de las expresiones de piedad popular que marcaron la vida religiosa de Totana.
Para concluir: San José, una figura siempre actual
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha presentado a San José como modelo de vida cristiana. Su figura destaca por virtudes como la humildad, el silencio, la fidelidad, el trabajo y la confianza absoluta en Dios.
Los siete Domingos de San José no son solamente una tradición piadosa que nos llega desde el pasado. Son también una invitación a redescubrir su ejemplo en la vida cotidiana: confiar en Dios cuando no se comprenden los acontecimientos, asumir las responsabilidades con amor y vivir la fe con sencillez.
Por eso, cada año, cuando se acercan estas semanas previas al 19 de marzo, la Iglesia vuelve a proponer este camino espiritual. Un itinerario sencillo que invita a contemplar la vida de San José y a descubrir en ella una escuela de fe, confianza y fidelidad a Dios.
Porque, como ocurrió en la vida de San José, también en nuestra propia vida las dificultades pueden convertirse en gozo cuando se vive con confianza plena en Dios.