El Santuario de la Santa abre sus puertas a la reflexión y a la música en la segunda edición del Festival de Órgano de Totana

Juan Cánovas Mulero pronunció la conferencia inaugural "El Santuario de la Santa: la magia de la música y la llama de la fe al encuentro con lo espiritual" antes del primer concierto del ciclo, protagonizado por la organista Alizé Mendizábal

El pasado sábado 19 de septiembre el Santuario de la Santa volvió a convertirse en escenario de un encuentro entre la palabra, la historia y la música. Antes de que sonaran las primeras notas del órgano histórico que preside el templo, el cronista oficial de la ciudad de Totana, historiador y recientemente nombrado hijo predilecto de la localidad, Juan Cánovas Mulero, ofreció la conferencia inaugural de la segunda edición del Festival de Órgano de Totana-Murcia, bajo el título "El Santuario de la Santa: la magia de la música y la llama de la fe al encuentro con lo espiritual".

La cita se enmarca en un ciclo que, organizado por segundo año consecutivo, se prolongará a lo largo de todo el otoño hasta el próximo 28 de noviembre, y que combina la programación musical con actividades culturales que buscan poner en valor el patrimonio artístico, histórico y espiritual del santuario totanero.

Un proyecto que crece en su segundo año

El acto contó con la presencia de Antonio Cánovas, director del certamen, quien tomó la palabra en primer lugar para agradecer la asistencia del público y presentar el ciclo de conciertos que se desarrollará durante los próximos meses. Cánovas subrayó la ilusión que supone poder continuar con este proyecto y anunció que la programación se extenderá hasta finales de noviembre.

A continuación intervino Eduardo Romero, director de la sede permanente de la Universidad de Murcia en Totana, entidad colaboradora del festival desde su primera edición. Romero recordó que fue el propio Antonio Cánovas quien, el año anterior, contactó con la Universidad de Murcia para que la sede permanente se sumara como entidad colaboradora de un proyecto que, según explicó, nació con una vocación ambiciosa: no limitarse únicamente al concierto y a la música, sino acompañarlo de actividades culturales que dieran pleno sentido al encaje entre patrimonio, cultura y el propio espacio del Santuario de la Salud.

Romero tuvo también palabras de agradecimiento para Juan Cánovas Mulero por su disposición a participar en la conferencia inaugural, recordando con humor que, además de su generosidad habitual, el conferenciante tampoco podía negarse fácilmente, ya que forma parte del Consejo Consultivo de la propia sede permanente. "Lo más importante es que la música y la charla funcionen bien", concluyó antes de ceder la palabra al protagonista de la tarde.

La palabra de Juan Cánovas Mulero

Juan Cánovas Mulero tomó entonces el testigo y planteó el hilo conductor de su intervención: una reflexión sobre los valores que rodean al santuario y la vinculación que existe entre la religión, la sacralidad del entorno, la fe y la dimensión espiritual del ser humano. El conferenciante advirtió que, dado que buena parte del público presente ya conocía el santuario por ser oriundo de Totana, pero que también había asistentes llegados de fuera, dedicaría una parte de su intervención a presentar el conjunto monumental, procurando ser puntual para que a las ocho de la tarde pudiera comenzar lo que, en sus propias palabras, "realmente nos emociona, que es la música". Cánovas Mulero reconoció además haber podido asistir a los ensayos calificando lo escuchado de "realmente impresionante".

Saludos institucionales y agradecimientos

Antes de entrar en materia, el cronista quiso sumarse a los agradecimientos ya expresados y extenderlos a todas las personas presentes en la tarde: miembros de la corporación municipal, diputada regional, concejales llegados de otras localidades —entre ellos de Águilas—, el párroco de Santiago, representantes de la Fundación de la Santa y el propio director de la sede permanente. Tuvo también un reconocimiento especial para Antonio Cánovas por el esfuerzo y la dedicación puestos en la organización de este festival, que alcanza ya su segundo año, un hecho que, en palabras del conferenciante, "testimonia que hay un interés tanto por tu parte como por Totana y por la administración, por potenciar estos valores".

Cánovas Mulero destacó igualmente haber podido escuchar el ensayo de Alizé Mendizábal, profesora de conservatorio y organista titular de la Basílica de Santa María de San Sebastián, subrayando "la intensidad, la fuerza y la vida" que la intérprete es capaz de extraer del instrumento. Mostró también su satisfacción por la continuidad de "este joven festival", que emerge de nuevo en su segunda convocatoria como una promesa de posibilidades, tanto por el caudal musical vinculado al órgano —construido en la segunda mitad del siglo XVIII y restaurado de forma significativa en el año 2005— como por las potencialidades del entorno natural que acoge al santuario y por la sacralidad que lo envuelve, vinculada a la devoción hacia santa Eulalia, referente de fervor, fe, esperanza, acogida y protección para los totaneros.

La música y la fe: un sendero hacia la espiritualidad

El conferenciante planteó que, a través de esa doble vertiente —la música y la fe—, se abre "un precioso sendero que conduce hacia la espiritualidad". En cuanto al caudal musical del órgano, recordó su relevancia histórica y los momentos significativos que ha generado a lo largo de los años, entre ellos los Conciertos de Órgano Histórico de la Región de Murcia, celebrados en distintos periodos en torno al año 2007, que tuvieron una gran acogida y contribuyeron a un mayor acercamiento del público hacia un instrumento que, señaló, estaba "un poco olvidado".

Recordó asimismo que en 2004, con motivo del cuatrocientos aniversario de la conclusión del ciclo pictórico del santuario, tuvieron la suerte de contar con la visita del organista Mare Bögnia, que participó en un concierto en febrero de aquel año como parte de la conmemoración. Para Cánovas Mulero, el órgano "tiene sentido en la solemnidad de la liturgia": para eso surge, para eso nace y para eso ha estado utilizándose durante siglos, ayudando a elevar, según sus palabras, "las inquietudes del corazón en camino hacia el Padre".

La exuberancia de un entorno singular

La segunda gran línea de la reflexión del cronista giró en torno al entorno natural que rodea el santuario: lo telúrico, la atmósfera, la presencia del agua y de los sonidos. Citó al respecto a un poeta totanero de finales del siglo XIX, Luis Cayuela Martínez, cuyos versos describen cómo "el Eterno quiso rodear de un paraíso este hermoso santuario". Cánovas Mulero anunció que, si Dios quiere, próximamente se publicará la biografía de este poeta, poco conocido, en un número de Cuadernos de la Santa, en colaboración con Pedro Solano.

Según explicó, Luis Cayuela fue mayordomo del santuario aproximadamente entre las décadas de 1890 y 1910, periodo en el que desarrolló una labor importante en el cuidado del recinto, además de dedicar varias composiciones líricas al lugar, entre ellas himnos a santa Eulalia y algunos cantos de ciego vinculados también a la devoción a la santa. Cánovas Mulero destacó la sólida formación cultural de Cayuela, quien llegó a trasladarse a Alemania a finales del siglo XIX tras formarse pictóricamente junto a Casto Plasencia, siendo compañero de estudios de Gabriel Palencia.

Precisamente sobre Gabriel Palencia, el conferenciante recordó que su paso por Totana pudo influir en la creación de una de sus obras más impactantes, "El martirio de Santa Eulalia", en la que la imagen de la santa aparece coronada sobre un manto de nieve. Aunque el pintor gozó del amparo de la infanta Eulalia, hija menor de Isabel II, Cánovas Mulero apuntó la posibilidad de que su estancia en Totana y el conocimiento directo de la devoción hacia santa Eulalia fueran también un aliciente para la composición de aquella obra: "todo suma", resumió.

El cronista continuó su descripción del entorno señalando la fuerza telúrica presente en múltiples rincones y parajes del lugar, capaz de serenar el espíritu de quien pasea por sus alrededores y de interpelar sobre la trascendencia y el sentido de la vida. Citó también a otro poeta totanero, Emilio Mora, quien escribió que "en este puro ambiente y en su fértil suelo, alivio a sus males se encuentra el enfermo", como muestra de cómo el espacio sagrado, la presencia de santa Eulalia y el entorno natural se conjugan para ofrecer una experiencia que llena el corazón.

El agua y los sonidos como expresión de lo divino

Un lugar especial en la intervención ocupó la presencia del agua, elemento íntimamente unido al santuario. Cánovas Mulero evocó la memoria de las cántaras y garrafas de agua que generaciones de totaneras bajaban para llenar las benditeras de sus casas, las oraciones realizadas en torno a ellas y los innumerables gestos de fe de quienes se han santiguado con el agua de la Santa, a la que atribuyó "ese don especial de la fe, del fervor, de la devoción". Mencionó también los emplazamientos de las distintas fuentes vinculadas al conjunto: la fuente del atrio, la de la plaza de los Cuatro Chorros y la situada en el acceso al propio santuario, alimentadas por aguas que, según recordó, probablemente nacen en la sierra de Espuña, de tanta trascendencia en la historia local.

A ello se sumó una evocación de los sonidos del entorno —el murmullo de la brisa, el susurro de las hojas, el crujido del manto vegetal, el aleteo de las mariposas— que, unidos, conforman lo que el propio Cayuela definía como "los pajarillos ligeros a la orilla del camino, con sus cantos placenteros, forman concierto divino". Para el conferenciante, todo este conjunto de sensaciones —el agua, la fuerza de la tierra, la atmósfera, los sonidos— constituye una expresión de hierofanía, es decir, de manifestación de lo divino a través de elementos naturales, y ofrece múltiples posibilidades de encuentro con lo trascendente, ya sea desde una perspectiva más lírica y espiritual, ya sea desde una dimensión más humana, fraternal y solidaria, para la cual, recordó, también resulta necesario que "el corazón y el alma" estén serenos.

Junto a estos elementos naturales, Cánovas Mulero destacó la devoción y el fervor popular manifestados en la multitud de exvotos conservados en el santuario, en el ciclo pictórico del coro —"un canto de amor, de veneración y de fervor a la capacidad sanadora de santa Eulalia"— y en el propio barco que pende de la techumbre del templo, símbolos todos ellos, junto con los votos que cada devoto guarda en su corazón sin llegar a materializarlos, de la veneración rendida a la patrona.

Ocho siglos de historia: del dominio santiaguista al camarín barroco

Tras esta parte más reflexiva y lírica de su intervención, de la que se despidió señalando con humor que no quería "entretenerse más en lo lírico porque después no podemos hablar nada del santuario", Cánovas Mulero ofreció un recorrido histórico por los orígenes y la evolución constructiva del conjunto, pensado especialmente para el público llegado de fuera de Totana.

El origen del vínculo entre Totana y el culto a santa Eulalia se remonta al siglo XIII, cuando la localidad pasa a formar parte de las tierras santiaguistas. Fue Alfonso X el Sabio, desde Cartagena, quien fundó la Orden Militar de Santa María del Mar y, en ese contexto, entregó las tierras de Totana a la Orden Militar de Santiago. Totana permaneció bajo jurisdicción santiaguista desde el siglo XIII hasta el siglo XIX, cuando el Concordato con la Santa Sede de 1851 puso fin a esas relaciones, pasando el municipio a depender directamente de la diócesis. Cánovas Mulero matizó que, ya en las primeras décadas del siglo XIX, el protagonismo diocesano era superior al de la Orden, cuya vigencia se había visto debilitada a raíz de la Constitución de 1812.

Fue precisamente la Orden Militar de Santiago la que impulsó la devoción a santa Eulalia y la construcción de la ermita primitiva, de una sola nave con tribuna a los pies, sin que en ese momento se hubiera abierto todavía el presbiterio. Aunque existen referencias a una ermita anterior más sencilla, la construcción de este primer templo se sitúa en torno a 1573. Pocos años después, hacia 1577-1580, se erige el artesonado mudéjar que corona el templo, obra que sigue el modelo empleado en la Colegiata de Santiago de Totana —de mayor tamaño y exuberancia— y que se atribuye, probablemente, a un carpintero lorquino, Esteban Rivero, siguiendo la tradición de los maestros mudéjares que trabajaban en la vecina ciudad de Lorca.

Dado que el santuario se encontraba alejado del núcleo urbano y, en ocasiones, carecía de sacerdotes que pudieran atender el culto, la Orden Militar de Santiago se planteó a principios del siglo XVII la conveniencia de dotar al templo de un ciclo pictórico. Aprovechando el carácter didáctico y pedagógico de la pintura, se buscaba que los peregrinos que llegaban al santuario pudieran interiorizar el misterio de Cristo, el mensaje evangélico y la capacidad sanadora de santa Eulalia. En 1624 se encargó esta labor a un pintor del que, según recordó Cánovas Mulero, los documentos de la época exigían expresamente "que lo sepa bien hacer y que las pinturas muevan a devoción y no a risa", una precaución explicada por la sencillez con que a veces se ejecutaban este tipo de obras en la época. A pesar de esa sencillez técnica, el conferenciante subrayó la fuerza y la capacidad de transmitir devoción que aún conservan estas pinturas.

El ciclo pictórico, concluido en 1624, se debe en buena parte a Juan Ibáñez, pintor que había residido previamente en Mazarrón y que se estableció en Totana durante los primeros años del siglo XVII. Cánovas Mulero destacó de él su nivel cultural, ejemplificado en el hecho de que contratara a un maestro de latinidad para instruir a su hijo, reflejo de "ciertas inquietudes culturales" propias de un hombre de su tiempo.

El siglo XVIII: el presbiterio, el camarín y el retablo

Si el ciclo pictórico del siglo XVII quedó completo en 1624, restaba aún por abrir la zona del presbiterio, obra que se acometería en el siglo XVIII. En esta centuria, la nave del templo se amplió gracias a las limosnas de los vecinos, un dato en el que el conferenciante quiso insistir especialmente: la devoción a santa Eulalia se ha sustentado históricamente en las aportaciones no solo de los totaneros, sino de poblaciones del entorno, que contribuían con trigo desde Cartagena, aceite desde Lorca y Almería, entre otras ayudas materiales procedentes de la propia sede de Murcia. Cánovas Mulero recordó que numerosos vecinos acudían al santuario a presentar su devoción a la santa, mientras que los ermitaños encargados del culto salían también por los pueblos del entorno a recoger limosnas para sufragar las obras.

Con ese esfuerzo conjunto se construyó en el siglo XVIII el presbiterio y se levantó el camarín, junto con un retablo barroco encargado a Jerónimo Caballero, artífice que por entonces trabajaba en Lorca, en torno a la década de 1730. El camarín fue decorado con un nuevo ciclo pictórico dedicado a narrar la vida y el martirio de santa Eulalia, obra en este caso de un pintor totanero, Silvestre Martínez Teruel, a quien Cánovas Mulero dedicó una mención especial por la versatilidad de sus talentos: campanero, encargado del mantenimiento del reloj y pintor, Martínez Teruel llevó a cabo además un proyecto de ingeniería de gran envergadura para la época, la construcción de toda la conducción de agua desde la fuente del nacimiento de la Carrasca hasta la fuente de la plaza, a lo largo de diecisiete kilómetros. No en vano, el propio Ayuntamiento de la época lo describía, según recordó el conferenciante, como un hombre "hábil en todo género de menesterias", cualidades que quedaron plasmadas también en el ciclo pictórico que narra la vida y el martirio de la patrona.

Cierre de la conferencia y comienzo del concierto

Consciente del paso del tiempo y fiel a su propósito de no demorar el inicio del concierto, Cánovas Mulero puso fin a su intervención pasadas las ocho de la tarde, no sin antes disculparse por un olvido inicial y agradecer expresamente la presencia de la directora general de Competitividad y Calidad Turística, Eva Reverte, quien tuvo la deferencia de acompañar el acto. Extendió su agradecimiento a todos los asistentes y, de manera especial, a los medios de comunicación presentes (Totana.com), subrayando el papel que desempeñan en Totana para salvar la distancia que separa a algunos vecinos del municipio y para mantener conectada, a través de sus crónicas, a la gente mayor que no puede desplazarse hasta el santuario.

Tras la conferencia, dio comienzo el primer concierto de la segunda edición del Festival de Órgano de Totana, protagonizado por la organista Alizé Mendizábal, quien ofreció un programa basado en canciones y danzas ante un público que pudo disfrutar de un despliegue notable de registración, capaz de extraer todos los matices y posibilidades sonoras del histórico órgano del Santuario de Santa Eulalia de Mérida —el mismo instrumento sobre cuyas raíces históricas y espirituales había reflexionado, apenas minutos antes, el cronista oficial de la ciudad.

De este modo, la conferencia inaugural de Juan Cánovas Mulero cumplió el propósito con el que había sido concebida: tender un puente entre la historia, la fe y la música, y preparar el ánimo de los asistentes para adentrarse, a través del sonido del órgano, en esa dimensión espiritual que, según sus propias palabras, convierte al Santuario de la Santa en un espacio privilegiado de encuentro entre lo humano y lo divino.

 

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